martes, 8 de mayo de 2007

ENTRE SER ,QUERER SER Y PARECER


Hay dos maneras de autoaceptarse siendo gay, la divertida y la más divertida; la primera cuando eres medio tolerante con la gente que no comprende o no acepta otro color aparte del gris plano en el que viven, y la segunda cuando pintas de colores sus aburridas vidas. Ojo, es muy fácil caer en simplicidades travestonas y joteriles interpretaciones de estas cuidadosamente seleccionadas palabras, no se trata de sacarle las cejas a cuanto hombre se te cruce, ni enseñarle a tus amigas cómo caminar en esos tacones, o bien confundir refinamiento y educación con una imitación de Victoria Beckham buscando casa en Beverly Hills, NO! simplemente, cuando se es gay, al padecer tantos vacíos emocionales por no encajar en el común, adquieres una doble necesidad insaciable de ambientar tu mundo tal y como tú lo deseas. Divertido, interesante y en constante cambio.

Claro, sin caer en la vulgaridad del mal gusto. Es como decir si prefieres dosificar tus buenos ratos un poco cada fin de semana o atascarte el día de la marcha. Vamos, que ni la autoestima es buena en exceso.

Una vez que tu ¨preferencia¨ está clara y no te causa problemas, viene la búsqueda de los amigos que harás tuyos, tu familia. Porque aunque seamos capaces de localizar un perro en Tailandia Vía GSM, aun no aceptamos que dos hombres o dos mujeres juntas puedan tener una relación afectiva tan o más sólida en algunos casos, que una relación socialmente aceptada (que flojera nos da esa palabra), o incluso darle una crianza y educación de primera a un niño que corra con la suerte de ser adoptado. Y no todo es culpa de la sociedad heterosexual, nosotros les ayudamos bastante. ¿No lo creen asi? ...y que tal cuando jugamos a las víctimas, o cuando nos da por hacerlos a un lado juzgando sus vidas de ser "un tanto aburridas"...ok! la mayoría de las veces es cierto....pero como dice el refrán "el que a hierro mata, a hierro muere".

Por si fuera poco el trabajo de autoaceptación, de este lado del río existe un sinfín de circunstancias a las cuales adaptarse, cuando tan sólo eres un polluelo buscando tu identidad, no falta quien te quiera hacer sentir menos, diferente o simplemente rarito. Tú puedes adoptar dos roles, caes bien por ser la burla, joteas por agradar a tus compañeritos, o bien caes en el terreno rebelde, rebelde no rbd (osea eso si es de flojera), llevándole la contraria a todo mundo al punto de ganarte el título de ¨gran reina gay¨en el mejor de los casos o bien el de "El Puto" de la secundaria, preparatoria o gulp! Universidad. Esto es tan sólo el inicio de la verdadera escuela para empezar a autoaceptarte, ya que en la escuela de la vida se ve de todo, cuando no llevas una novia a la casa, la familia comienza a sospechar y hacer sus propias conjeturas al respecto, tus amigos se van haciendo serios con sus respectivas, y tú andas a la deriva, brincando de antro en antro y en la mejor de las suertes de cama en cama, buscando amor y ¨pertenencia¨ donde sólo deberías estar en la búsqueda de pujidos de gusto.

La experiencia es similar a la de ser un extraterrestre o un extranjero en tierra totalmente desconocida, las personas que te rodean van del shock total a la tímida aceptación, según juegues tus cartas puedes convertirte en el mejor amigo, el confidente o la mujer bigotona del circo que todo mundo debe ver. De cualquier manera, para un gay siempre exisitirá un trabajo extra para entrar dentro de cualquier círculo, un doble rol de autoaceptación, primero por ti mismo, después por tu familia, y luego la familia que te formas cuando no encajas dentro de las instituciones sociales conocidas, aceptadas y celebradas....Amèn! Ya que como cualquier persona buscas un lugar que puedas llamar hogar, seres que te quieran y respeten por lo que en verdad eres, lo que llevas dentro.

Y antes de caer en superficialidades y sonar depresivos hasta la otra pared, también ser alienado tiene sus ciertos méritos, cuando la vida no te es tan fácil, tu piel crece 4 mm más de grosor, atesoras mucho más lo que tu interior puede generar, y te vuelves mucho pero mucho menos co-dependiente de cualquier emoción. Y por supuesto satisfacer tu ego-líbido cuando logras hacer las cosas que te calan por ti solito. No más.

El zen de autoaceptación te llegará cuando dejes de poner etiquetas, cuando te dejes de sentir de un lado del río, cuando pierdas esa absurda necesidad de ser víctima o victimario.

3 comentarios:

Edgar dijo...

Yo creo que ser gay, no debería de ser un problema de racismo, ni de adaptación. El problema va más allá de ser gay o no, es un problema de tolerancia y de racismo y una persona homosexual no tiene porque cambiar ni ser "aceptada" por los demás. Estoy de acuerdo que cuando eres puberto no sabes para donde estará encaminada tu vida, pero podemos resolverlo como diría Nietzche "educad a los niños y no habrá necesidad de castigar a los hombres", si como personas adultas empezamos a ser tolerantes y educamos a los demás en ser tolerantes y no ser racistas o discriminar a las demás personas no habría necesidad de ser "aceptado". Esto aplica no nada más a los "jotos" sino aplica masbien a todos. Yo tuve una experiencia en Inglaterra con un compañero de trabajo que es Indú y decía que como el tenía la piel de otro color nunca iba a acceder a un puesto superior al que tenía (asesor de ventas en una tienda de ropa), si tu piensas que tienes que ser "aceptado" entoces es lo que vas a recibir, si tu eres sincero contigo mismo y ya te reconciliaste contigo, no creo que tengas que esperar que las demás personas te "acepten".

El barón detrás del espejo dijo...

Completamente de acuerdo.

Hay gente intolerante a los gays, a los negros, a los nazis, a los judios, a los intolerantes, a los tontos, a los listos.
Y prácticamente todos tenemos alguna, primero habría que quitarnoslas de encima, y no sería cosa de escoger, ni de cuidarse.

¿y tú, de qué sabor quieres tu intolerancia?

Muegano dijo...

La intolerancia existe, cierto. Dentro y fuera de los grupos marginales o centrales. Todo son etiquetas. Cómo nos tomemos esas etiquetas es el meollo. Crecer sabiéndote posible blanco de cualquier tipo de discriminación efectivamente vuelve el pellejo más duro. Más habrá que considerar duro para qué... ¿para ser de piedra y odiar? ¿para ser de piedra y dejar de sentir? ¿para ser fuerte y militar, y buscar cambios? ¿para ser 'más inteligente' y valorar desde otro foco? Aceptarse no es un proceso tan difícil, difícil puede ser lo que sigue cuando la piel se nos pone dura nada más para terminar ahogándonos. Como fácil puede ser lo que sigue cuando decidimos caminar con una sonrisa llena de paz por la acera de enfrente...en Gloria Trevi!! ;)